Centros de datos en EE UU: el gas gana terreno mientras España apuesta por renovables adicionales
La expansión imparable de los centros de datos, impulsada por la inteligencia artificial, ha convertido su suministro eléctrico en un quebradero de cabeza global. Mientras Estados Unidos explora soluciones puente como las turbinas de gas y las pilas de combustible para no frenar la carrera de la IA, España plantea un modelo más gradual, anclado en renovables adicionales y estrictos límites de eficiencia. Un análisis reciente repasa las cifras y las estrategias que marcarán el futuro energético de estas infraestructuras.

El pulso entre el gas y las renovables para alimentar la IA
El suministro eléctrico de los centros de datos se ha convertido en un campo de batalla energético. Un análisis publicado por Ager Elorduy Prieto, analista del sector y ingeniero de procesos en Sener, subraya que Estados Unidos estudia acelerar la conexión de estas instalaciones mediante gas natural, mientras España apuesta por un avance más gradual con ampliación de capacidad renovable.
En España, el Gobierno ha sometido a información pública un proyecto de Real Decreto que regula los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental y de soberanía digital para los centros de datos. La propuesta, impulsada por los ministerios de Transición Ecológica, Economía y Transformación Digital, exige una cobertura mínima del 80% del consumo mediante autoconsumo o PPA, con un respaldo horario del 80% —no anual—. Además, aplica un criterio de adicionalidad similar al del mercado del hidrógeno: los centros de datos deben conectarse a parques renovables con menos de 18 meses de antigüedad, para evitar desviar generación renovable existente y provocar subidas generalizadas de precios.
Turbinas de gas: una demanda descomunal que satura el mercado
En Estados Unidos, la presión de los centros de datos ha disparado la demanda de turbinas de gas, utilizadas tanto para generar electricidad como para proporcionar calor industrial. Grandes compañías como OpenAI, Anthropic, Google y Meta compiten por acceder a suministros energéticos a escala de gigavatios, pero la fabricación de turbinas es limitada. El mercado está dominado por GE Vernova, Siemens Energy y Mitsubishi Power.
Los resultados de GE Vernova reflejan la magnitud del problema: la compañía cerró el segundo trimestre de 2026 con una cartera de 116 GW, frente a una capacidad anual de producción de 20 GW, y espera alcanzar los 125 GW a final de año. Esta saturación ha alargado los plazos de entrega hasta 2031, y GE prevé haber contratado más de la mitad de su producción para ese año. Siemens, por su parte, advierte de que sus cupos para 2030 se están completando.
La falta de planificación en EE UU podría tener consecuencias directas en la factura eléctrica: según RMI, el desarrollo acelerado de capacidad a gas, sin una planificación adecuada, amenaza con elevar hasta 118 dólares anuales los recibos de los hogares estadounidenses.
Pilas de combustible: la alternativa modular que gana terreno
Ante la escasez de turbinas y los retrasos en las conexiones a red, las pilas de combustible de óxido sólido (SOFC) emergen como una alternativa viable. A diferencia de las baterías, que tienen un número limitado de ciclos, las SOFC convierten la energía química del gas natural o el hidrógeno directamente en electricidad, sin combustión, y pueden responder instantáneamente a las fluctuaciones de demanda.
Las pruebas de Bloom Energy —fabricante líder en este campo— han demostrado que la carga de un solo servidor puede fluctuar entre 15 y 30 kW en cuestión de segundos, y a nivel de centro de datos, las variaciones pueden alcanzar entre 50 y 100 MW. Las pilas de combustible soportan estas oscilaciones con más de 200.000 ciclos de carga y una disponibilidad del 99,9%.
Oracle ya ha sustituido las turbinas provisionales de sus instalaciones en Nuevo México —motores de avión reconvertidos— por pilas de combustible de Bloom Energy, con una potencia de hasta 2,45 GW. Esta opción reduce emisiones, ruido y mejora el balance hídrico, aunque sigue siendo más cara que el gas. Sin embargo, las posibles disrupciones del gas y la escasez de turbinas están estrechando la diferencia de costes.
Eficiencia como eje regulador: PUE y WUE
El análisis también destaca los avances en eficiencia energética de los centros de datos: entre 2010 y 2020, el rendimiento se multiplicó por 8, mientras que el consumo por carga de trabajo se redujo 12 veces. Para medir esta eficiencia se utilizan dos indicadores clave: el PUE, que mide la eficiencia energética global, y el WUE, que mide el uso de agua respecto a la electricidad consumida.
En España, las instalaciones con capacidad superior a 500 kW deben reportar estos datos. El borrador del Gobierno español fija límites provisionales de PUE ≤1,15 y WUE ≤0,1, hasta la implantación del etiquetado europeo. Estos límites buscan asegurar que el crecimiento de los centros de datos no se convierta en un juego de suma cero para la sociedad.



