El transporte de CO₂ moverá 211.000 millones de dólares en 2060: Asia-Pacífico concentrará el 60% de la inversión
La infraestructura mundial para transportar dióxido de carbono (CO₂) podría alcanzar un valor de 211.000 millones de dólares en 2060, según un informe de Wood Mackenzie. La consultora prevé que Asia-Pacífico concentre cerca del 60% de la inversión, impulsada por la necesidad de conectar emisores con almacenamientos geológicos a través de largas distancias.

Un sector clave para la viabilidad de los proyectos CCUS
El transporte de CO₂ se convierte en un factor determinante para la viabilidad de los proyectos de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS). Según Wood Mackenzie, las inversiones previstas permitirían transportar globalmente tres gigatoneladas de CO₂ al año (Gtpa), de las cuales 200 millones de toneladas anuales (Mtpa) cruzarían fronteras internacionales.
La reutilización de gasoductos existentes podría reducir el gasto de capital en más de un 60% y recortar a la mitad los costes totales de transporte, mejorando la competitividad de las tuberías frente al transporte marítimo. Sin embargo, no todas las infraestructuras pueden adaptarse, por lo que se requieren evaluaciones técnicas rigurosas.
Asia-Pacífico: el mayor mercado, con Japón como caso límite
Asia-Pacífico se convertirá en el mayor mercado mundial de transporte de CO₂. Según un informe de Xodus citado por Wood Mackenzie, para 2055 la región necesitará más de 90 emplazamientos de almacenamiento, unos 8.000 kilómetros de gasoductos y cerca de 80 buques especializados para gestionar sus necesidades de secuestro.
Japón ilustra el desafío: para alcanzar la neutralidad climática, el país planea almacenar entre 120 y 240 millones de toneladas de CO₂ al año para 2050, pero su capacidad nacional es limitada. Wood Mackenzie estima que Japón podría necesitar transportar por barco cerca de 50 millones de toneladas anuales a otros países, un volumen próximo a sus importaciones de GNL (65 millones de toneladas anuales). El transporte marítimo añadiría 40 dólares por tonelada de CO₂, cerca del 30% del coste nivelado total de la captura y almacenamiento en Japón.
Para 2060, la demanda de transporte transfronterizo de Japón, Corea del Sur, Singapur y Taiwán se estima en 164 millones de toneladas anuales, frente a una capacidad de almacenamiento de 187 millones en Australia y el Sudeste Asiático. Australia, Indonesia y Malasia se perfilan como los principales polos regionales de almacenamiento.
Gasoductos vs. buques: costes y flexibilidad
Los gasoductos y los buques presentan estructuras de costes y perfiles de riesgo diferentes. Las tuberías requieren una elevada inversión inicial, por el acero y la construcción, y necesitan altos niveles de utilización para recuperar el capital. El transporte marítimo depende más de los costes operativos: el combustible y la electricidad representan más del 50% de sus costes nivelados, pero ofrece mayor flexibilidad en las primeras fases.
Stephanie Chiang, analista sénior de investigación de CCUS en Wood Mackenzie, señala: “La geografía determina el reto del transporte, mientras que la economía establece si el CO₂ se mueve por tubería, por barco o mediante una combinación de ambos”. Para distancias de hasta 1.000 kilómetros, los costes por gasoducto y por barco son comparables.
En el transporte marítimo transfronterizo, la elección del nivel de presión es determinante. Los buques de baja presión pueden transportar cargas más densas con menos embarcaciones y reducir los costes hasta un 34% en trayectos largos, frente a las alternativas de presión media. Esta diferencia es poco significativa en rutas europeas cortas, pero decisiva en Asia-Pacífico.
La regulación, clave para el desarrollo
Wood Mackenzie advierte de que los retrasos en la concesión de permisos, las dificultades para adquirir terrenos y la incertidumbre regulatoria pueden incrementar los costes de los gasoductos. A ello se suman las deficiencias en los acuerdos bilaterales transfronterizos, los marcos de responsabilidad jurídica y los incentivos económicos, que limitan el desarrollo de redes internacionales.
Estos problemas son especialmente relevantes en Asia, donde una mayor coordinación de políticas públicas podría influir tanto en la configuración de las rutas regionales como en la viabilidad de los proyectos. Bo Frohlich, analista de investigación de CCUS en Wood Mackenzie, concluye: “Los gasoductos resultan más competitivos a medida que aumentan los volúmenes, mientras que el transporte marítimo ofrece a los proyectos en fase inicial la flexibilidad necesaria para gestionar los riesgos. La opción adecuada no siempre es la más barata”.



