Europa encara el invierno con las reservas de gas en mínimos históricos y el GNL bloqueado en Qatar
A menos de tres meses del invierno, la Unión Europea acumula un déficit de gas que amenaza con desestabilizar el suministro y disparar las facturas. La guerra en Oriente Medio ha cortado el flujo de GNL desde Qatar, dejando a Europa sin su principal fuente de aprovisionamiento alternativo al gas ruso.

Reservas al 55,7%: el peor arranque de temporada en años
Los últimos datos de la UE, correspondientes a finales de julio, sitúan las reservas de gas en el 55,7% de su capacidad, un nivel calificado de “históricamente bajo” para estas fechas. La distancia con el objetivo comunitario del 90% para el 1 de noviembre es enorme: según la agencia ACER, para alcanzar siquiera el 80% haría falta incrementar las importaciones de GNL un 13%.
El problema no es uniforme. Mientras países como Portugal (84%) o Italia (74%) aprovechan sus infraestructuras de regasificación, Alemania, la mayor economía del bloque, apenas roza el 46,2%. Aún peor está Suecia, con solo un 11,5% de sus depósitos llenos. Esta desigualdad deja a los grandes consumidores industriales sin colchón ante un invierno duro.
Qatar paralizado y Ormuz cerrado: el GNL que no llega
El desencadenante de la crisis actual es la escalada militar en Oriente Medio. Los misiles iraníes impactaron en las instalaciones de Ras Laffan (Qatar), que procesan alrededor de una quinta parte del GNL mundial, y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado al tráfico comercial. Desde el inicio del conflicto, en febrero, apenas 26 cargamentos de GNL han logrado cruzar hacia Occidente, frente a los más de 450 que transitaban en tiempos de paz.
QatarEnergy ha declarado fuerza mayor y suspendido las entregas a Europa y Asia hasta finales de septiembre u octubre. La compañía estima que los daños en sus instalaciones tardarán hasta cinco años en repararse. El CEO de TotalEnergies, Patrick Pouyanne, ha calificado de “urgente” la recepción de los volúmenes qataríes para afrontar el invierno.
Asia compite por los mismos cargamentos y el TTF supera los 60 €/MWh
La demanda asiática ha rebotado a niveles de 2025, acaparando cargamentos spot de GNL estadounidense que, de otro modo, podrían llegar a Europa. Anders Opedal, CEO de Equinor, advierte de que esa competencia está desviando suministro y dificultando que se cumplan los objetivos de almacenamiento.
El impacto ya se nota en los precios. El contrato a un mes del TTF holandés, referencia europea, supera los 60 €/MWh. Según Wood Mackenzie, incluso en el mejor escenario, con Qatar operativo en septiembre, Europa comenzaría el invierno con las reservas al 75%, lejos del 90% de la media de los últimos cinco años. Si el frío aprieta, los inventarios podrían caer al 27% al final de la temporada.
Alemania, bajo mínimos, y un mercado sin red de seguridad
Berlín defiende que su stock actual es “suficiente” para afrontar la temporada, pero ni siquiera las empresas estatizadas SEFE y Uniper están llenando sus depósitos al ritmo de España, Polonia o Dinamarca. La falta de un colchón en el mayor consumidor de la UE traslada riesgo de volatilidad y subidas de precios a todo el continente.
A ello se suma que los inventarios de diésel están en mínimos desde 2022, lo que impide a la industria sustituir gas por fueloil si las temperaturas caen bruscamente. Y la UE planea prohibir las importaciones de GNL ruso a partir de enero de 2027, endureciendo además las normas sobre emisiones de metano, lo que restringirá aún más la flexibilidad en plena escasez.
Sin rescate a corto plazo: el mercado no se recuperará hasta 2028
Los analistas coinciden en que las renovables evitarán un colapso eléctrico, pero el mercado de GNL no ofrece alivio inmediato. Los proyectos de expansión de Qatar, claves para relajar la tensión, no estarán operativos hasta la segunda mitad de 2027, y las previsiones más optimistas sitúan el equilibrio de sobreoferta en 2028.
Mientras tanto, las oscilaciones diarias de los precios, alimentadas por las amenazas de nuevos ataques y los frágiles rumores diplomáticos, impiden a los compradores europeos trazar estrategias de aprovisionamiento estables. El resultado, advierten los expertos, es un invierno caro y una factura más alta para los ciudadanos.



