España afronta el reto de convertir su liderazgo renovable en ventaja industrial y ahorro en la factura
España ya es una potencia mundial en generación renovable, con más de la mitad de su electricidad de origen limpio. Sin embargo, el modelo energético se enfrenta a su gran desafío: convertir ese liderazgo en una ventaja industrial, económica y en un alivio real para la factura de los consumidores. El cuello de botella está en las redes, el almacenamiento y las interconexiones.

Un salto histórico en generación renovable
Las cifras de generación renovable en España han pasado de las previsiones a la realidad concreta. Fuentes de la operadora del sistema, Redeia, confirman que las renovables han pasado de representar entre el 30% y el 40% de la generación eléctrica a superar el 56%. El respaldo a esta tendencia es contundente: el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) destaca un "aumento del 150% de la potencia instalada durante los últimos siete años", un crecimiento que contrasta con el "menos del 3%" registrado en los siete años anteriores.
Este despliegue sitúa la potencia fotovoltaica en 55.000 megavatios (MW) y la eólica en 33.500 MW, una capacidad que ha permitido a España alcanzar un hito: la potencia renovable en servicio representa ya el 73% del total instalado, un dato del pasado mes de mayo. El respaldo público también es un indicador clave: solo en 2025 se destinaron "1.551 millones de euros, un 40% más que en 2024", según subrayan desde Redeia, una cifra que "casi cuadruplica" la de años anteriores.
El precio mayorista cae, pero la factura no lo refleja
A pesar del despliegue renovable y su impacto en el mercado mayorista, el ahorro no llega de forma automática al consumidor final. Fuentes del sector coinciden en que la reducción de precios es real, pero no suficiente. Desde el Gobierno se insiste en que "la proporción de horas en las que el gas determina el precio de la electricidad se ha reducido del 75% en 2019 al 19% en 2025", la mayor caída entre los principales mercados europeos dependientes del gas.
Sin embargo, el precio final es otra historia. Blanca Losada, presidenta de la operadora Fortia Energía, afirma que, si bien "la incorporación de las renovables sí reduce el precio mayorista durante muchas horas", no detecta "que ese efecto se traslade de manera automática ni uniforme a la factura final". La razón, explica, es que el consumidor industrial soporta "peajes, cargos, servicios de ajuste, costes de desvíos y otros componentes regulados". Desde EDP, uno de los grandes operadores del mercado ibérico, comparten el diagnóstico: las renovables "reducen la exposición a los mercados de combustibles de importación y a la volatilidad internacional", pero advierten de que para que el beneficio llegue plenamente a la factura "necesitamos invertir más en redes y almacenamiento, impulsar la electrificación de la demanda y contar con señales estables de mercado y una fiscalidad que no penalice la electricidad limpia".
Almacenamiento e interconexiones: las dos asignaturas pendientes
El gran reto del sistema energético español pasa por reforzar el almacenamiento y las interconexiones internacionales. La capacidad actual de almacenamiento renovable es de 3,6 gigavatios (GW), pero el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija como objetivo alcanzar los 22,5 GW en 2030. Para lograrlo, según apuntan desde Redeia, es necesario "reforzar el papel de las baterías, el bombeo hidráulico y otras tecnologías de almacenamiento, para facilitar la integración de las energías renovables en el sistema". Desde el Ministerio recuerdan que el Gobierno ya ha destinado más de 1.500 millones de euros en ayudas, lo que debería derivar en una "gran eclosión" de proyectos, con "más de un gigavatio en construcción".
En cuanto a las conexiones internacionales, los avances son notorios pero insuficientes. "Tras inaugurar recientemente una nueva interconexión con Portugal, estamos inmersos en el tendido submarino de una nueva interconexión con Francia por el Golfo de Vizcaya, infraestructura que sumará 2.000 MW de potencia de intercambio", señalan fuentes del sector. Para Blanca Losada, estas conexiones deben tener más apoyo para que España y Portugal "dejen de funcionar como una isla energética". La presidenta de Fortia Energía subraya que "la gran limitación de la Península Ibérica sigue siendo su reducida capacidad de intercambio con el resto de Europa a través de Francia", y añade que ambos países cuentan con "excelentes recursos renovables y podrían convertir esa ventaja en una palanca de competitividad industrial y de seguridad energética para Europa".
Desde EDP insisten en que "el despliegue no ha progresado al mismo ritmo en redes, almacenamiento, electrificación de la demanda y agilidad administrativa", y consideran que "los marcos regulatorios y mecanismos retributivos" deben reconocer "el valor que aporta" el almacenamiento y dar "visibilidad a las inversiones a largo plazo". La conclusión es clara: sin reforzar ambas áreas, el salto definitivo hacia un modelo descarbonizado y competitivo se antoja complicado.



