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La energía térmica oceánica resurge con proyectos en India, Canarias y Taiwán

La conversión de energía térmica oceánica (OTEC) vuelve a copar la agenda renovable con varios proyectos piloto en marcha. El archipiélago indio de Lakshadweep, las islas Canarias y Taiwán acogen iniciativas que buscan demostrar que la diferencia de temperatura entre la superficie y las profundidades del mar puede generar electricidad de forma constante y con potencial comercial.

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(elperiodicodelaenergia.com)

Un proyecto indio que abre la puerta a la comercialización

A casi 400 kilómetros al oeste de la India continental, el archipiélago de Lakshadweep se ha convertido en el banco de pruebas de la OTEC. Las aguas superficiales de la zona están más de 20 grados centígrados más calientes que las profundas, una heterogeneidad térmica que el Instituto Nacional de Tecnología Oceánica de la India (NIOT) quiere aprovechar con una instalación que extraerá agua de mar desde 1.000 metros de profundidad.

El proyecto generará 65 kilovatios de electricidad y producirá 100.000 litros de agua potable al día, según la información publicada. Purnima Jalihal, quien dirigió la iniciativa antes de jubilarse como responsable de la división de energía y agua dulce del NIOT, defiende su carácter escalable: "Lo que estamos haciendo puede ampliarse en número para abastecer a islas y comunidades remotas. Esta puede ser una estrategia de mercado".

Canarias, Taiwán y otros focos impulsan la tecnología

El proyecto indio se enmarca en una "nueva ola de entusiasmo" por la OTEC, como señala la fuente. Recientemente se han completado proyectos de escala de kilovatios en China y las islas Canarias, y hay otros previstos en Hawái, Taiwán y Japón.

En Canarias, la emergente londinense Global OTEC ha desplegado la primera plataforma del mundo diseñada específicamente para OTEC y preparada para resistir huracanes. Puesta a flote en abril y financiada mediante subvenciones públicas, es un modelo a escala 1:7, no operativo, de una futura planta de demostración de 2,5 megavatios.

En Taiwán, el conglomerado TCC Group Holdings propone una planta de 6,4 MW en la costa este, que absorbería hasta 9.500 litros de agua de mar fría por segundo desde 600 metros de profundidad.

Una tecnología que aún busca demostrar su escala

Pese al renovado interés, el sector reconoce que la OTEC necesita dar un salto de escala. Robert Varley, quien dirigió el programa de OTEC del contratista de defensa Lockheed Martin entre 2006 y 2017, sostiene que la mayoría de los defensores coinciden en que "el sector necesita una demostración de al menos unos pocos megavatios", un orden de magnitud superior a los proyectos de mayor duración realizados hasta ahora. "Una vez que eso ocurra, creo que el mundo cambiará para la OTEC", afirma.

Esta tecnología aprovecha la diferencia de temperatura entre el agua superficial, que puede estar a unos 25 grados en zonas tropicales, y el agua fría a 1.000 metros de profundidad. Para extraer energía de ese gradiente, se utiliza un fluido de trabajo como el amoníaco, que se evapora con el calor superficial para mover una turbina y se condensa con el agua fría profunda.

El bombeo de grandes volúmenes de agua es uno de los principales retos. Un diseño de 10 MW que Lockheed proyectó para China en 2013 habría procesado 40.000 litros de agua de mar por segundo, pero nunca se construyó.

Desafíos técnicos y financiación

La viabilidad de la OTEC choca con problemas de ingeniería, eficiencia y financiación que ya hicieron fracasar intentos anteriores. Las plataformas marinas reducen la longitud de las tuberías, pero encarecen los proyectos y aumentan los riesgos en océano abierto. La tubería de agua fría suspendida de una plataforma marina puede pesar decenas de miles de toneladas métricas cuando está llena, y el oleaje puede someter a su conexión a enormes tensiones.

La empresa Sea Solar Power, con sede en Jacobus (Pensilvania) y fundada en 1972, diseña una planta de 25 MW que, según su presidente, James H. Anderson Jr., podría amortizarse si su electricidad abasteciera a una red insular que actualmente depende de diésel. La compañía busca ahora una inversión de 5 a 10 millones de dólares para completar el diseño de prefactibilidad, y estima que la construcción costaría al menos 120 millones adicionales.