La NOAA cifra en el 97% el riesgo de un súper Niño que amplificaría sequías, inundaciones y presión sobre las redes eléctricas
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) estima en un 97% el riesgo de que se produzca una versión potente de El Niño, que lo situaría entre los episodios más intensos jamás registrados. El fenómeno, que altera los regímenes de precipitaciones y eleva la temperatura mundial, llega en un contexto climático ya más cálido, lo que amplifica sus efectos sobre la economía, las cadenas de suministro y los precios de las materias primas. El sector energético y la industrian electrointensiva están especialmente expuestos.

Un episodio histórico que llega tras años de tensiones en los mercados de materias primas
En sus previsiones de julio, la NOAA cifró en un 97% la probabilidad de que un súper Niño. Este fenómeno natural, que se produce cada entre dos y siete años, altera los regímenes de lluvias en todo el mundo, provoca inundaciones en unas regiones, sequías y olas de calor en otras. La agencia estadounidense recalca que, al desarrollarse sobre un clima que ya es más cálido, sus impactos sobre la economía y las sociedades serán menos y más intensos que en episodios anteriores.
La advertencia llega cuando las cadenas de suministro agrícolas ya otras con una tensión importante. El cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los precios de la energía y los fertilizantes, una presión que ha encarecido la producción de alimentos. El cacao, un mercado que acaparó la atención entre 2022 y 2024, es un barrtera de esa vulnerabilidad. Su precio se disparó más de un 130% en ese periodo, superando los 12.000 dólares por tonelada, y aunque ha vuelto a caer hasta una tercera parte de ese máximo, el procesador Barry Callebaut ya espera que un nuevo Niño pueda volver a elevarlo varios miles de dólares por tonelada.
El cacao no es un caso aislado. La producción de aceite de palma, concentrada en Indonesia y Malasia, ya afronta una cadena de suministro tensionada por la fuerte demanda de biodiésel, en respuesta a los precios del petróleo. En un escenario de sequía e inundaciones, la producción de aceite de palma se enfrenta a una nueva escalada de precios con un efecto de inmediato traslación a los costadores.
El análisis, firmado por Valentin Vigier, responsable de análisis ASG de La Financière de l'Echiquier (LFDE), señala que esta nueva fase climática, las empresas se encuentran en una posición de debilidad que no se había visto hasta ahora, con un entorno de costes energéticos y de suministro más altos, y con capacidad limitada para absorber una nueva crisis de oferta.
Redes eléctricas y renovables, en el foco del impacto energético
El sector eléctrico se asoma a un fenómeno de doble impacto. Las olas de calor elevan los picos de demanda, especialmente por los sistemas de climatización, y al mismo tiempo el calentamiento de los equipos merma la eficiencia de las redes. Sobre la generación renovable, el pronóstico es de recortes en dos tecnologías clave: la fotovoltaica, que pierde rendimiento a altas temperaturas, y la hidroeléctrica, justo en el momento en que más energía se necesita.
Los episodios anteriores de El Niño ya dejaron descensos de producción en dos materiales críticos para la transición energética: el cobre, por las inundaciones en su principal productor, Chile, y el aluminio, afectado por sequías que limitan la disponibilidad de electricidad barata en las plantas de China. A lo anterior se une la bajada de niveles de los ríos, lo que ya está afectando al transporte mundial de mercancías, incluidas las que se embarcan con la materia prima.
El resultado es una presión estacional sobre los precios mayoristas en varios mercados y un riesgo de que el suministro de materiales críticos no responda a la demanda de proyectos renovables. La capacidad de suministro de la industria electrica dependerá así, cada vez más, de la adaptación logística y de la selección de proveedores y ubicaciones que no territorios expuestos.
La adaptación, una inversión con retorno: de 2 a 10 euros por cada uno invertido
Ante una sucesión de crisis climáticas que se hacen frecuentes, el reto para las empresas es el de identificar mejor sus vulnerabilidades y no esperar al impacto. La apuesta clave, según el análisis de la SGI, no es nueva pero sigue sin estar resuelta: la adaptación al cambio climático.
La Comisión Global sobre Adaptación estima que, por cada euro invertido en adaptación, el retorno se sitúa entre 2 y 10 euros. Sin embargo, esa inversión no llega. Las necesidades de financiación para la adaptación se estiman en 70.000 millones de euros anuales en la Unión Europea, de los que 10.600 corresponden a Francia, y la financiación actual es por debajo de su nivel. El resultado es que la industria y la gestión de los territorios parte en una carrera en la que las empresas que anticipen las nuevas condiciones climáticas andan mejor posicionadas para sostener su actividad y su competitividad.
Para el sector industrial y electrointensivo, la llamada es concreta: integrar el clima en las decisiones de selección de proveedores y en la ubicación de nuevos centros de producción, no como una variable secundaria sino como criterio estratégico. La posición competitiva de las empresas españolas y europeas dependerá, en próximos años, de su capacidad de anticipación a los impactos, que además son recurrentes y ya previsibles.



