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Alemania baja su listón de llenado de gas al 60-70% y traslada el riesgo de volatilidad al resto de la UE

A dos meses de la temporada de calefacción, Alemania defendió esta semana que sus almacenes de gas, al 50% de capacidad, podrían quedar por debajo del objetivo europeo del 90% y aún así cubrir la demanda media. La decisión, que rompe con la ortodoxia intervencionista del país, tiene un efecto directo sobre el precio mayorista de la electricidad en toda la UE: si el invierno aprieta, Berlín competirá con Asia por el GNL disponible y el TTF, ya en 65 euros/MWh, subirá con la factura de la luz de medio continente.

Fotografía que ilustra la noticia: Alemania baja su listón de llenado de gas al 60-70% y traslada el riesgo de volatilidad al resto de la UE
(elperiodicodelaenergia.com)

Un nivel del 60-70% 'debería bastar', según Berlín

El Ministerio de Economía alemán confirmó el jueves que un nivel de llenado de entre el 60% y el 70% "debería bastar para cubrir la demanda media", siempre que sigan llegando importaciones adicionales, y añadió que "puede y responderá" si la seguridad de suministro se ve amenazada. La declaración llega cuando las reservas alemanas apenas superan el 50% a mediados de agosto, el nivel más bajo para estas fechas desde que hay estadísticas.

El objetivo del 70%, marcado por el Ejecutivo de Berlín, había sido calificado de "prácticamente inalcanzable" por la asociación de operadores gasistas FNB Gas. Los depósitos alemanes son los mayores de la región, con más de una quinta parte de la capacidad comunitaria, lo que convierte su nivel de llenado en un dato clave para el equilibrio del mercado europeo.

Por qué los tanques están tan bajos: la lógica del spread verano-invierno

La explicación no es logística, sino financiera. El llenado de los almacenes depende del llamado spread verano-invierno: las comercializadoras compran gas barato en verano y lo revenden caro en invierno, un margen que se ha evaporado por la escalada de precios. Los combates en Oriente Próximo y el cierre intermitente del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del GNL mundial, han disparado los precios de verano: el TTF holandés, referencia mayorista para Europa, ronda los 65 euros/MWh, el doble que hace un año, con una subida del 25% solo en dos semanas.

A diferencia de Países Bajos, España o Francia, donde el Estado interviene o compran empresas públicas, Alemania delega el llenado casi por completo en operadores privados como SEFE y Uniper. Estos, en lugar de comprar caro ahora, apuestan a que los precios bajen si la guerra de Irán se enfría, lo que retrasa el ritmo de llenado. El resultado, según Sebastian Heinermann, director de la asociación de almacenamiento INES, es que el país sigue confiando en un modelo de mercado "cuando apenas quedan ya incentivos económicos" para que funcione.

El giro que rompe con la ortodoxia alemana

Berlín se niega a intervenir pese a la presión política creciente. Voces como la del diputado de Die Linke Jörg Cezanne han pedido que el Gobierno ordene a sus gigantes energéticos comprar gas "al precio que sea", pero el ministerio responde que una compra dirigida por el Estado "restringiría aún más el mercado y encarecería los precios".

Es un giro doblemente inusual porque Alemania ha construido buena parte de su identidad económica sobre la Ordnungspolitik, la fe en reglas estrictas y la previsión metódica. Aceptar en público un colchón deliberadamente más fino que el objetivo europeo es un pragmatismo poco habitual, y contrasta con vecinos como Países Bajos, otro país de tradición liberal que ya destinó 1.200 millones de euros a su energética estatal EBN para evitar este mismo escenario.

Por qué le importa al resto de Europa

Lo que ocurra en los tanques alemanes no se queda en Alemania. Por su volumen de consumo y por acuerdos de solidaridad energética vinculantes, Berlín debe socorrer con gas de emergencia a Austria, Suiza, Italia y Dinamarca si el suministro se tensa. Si un invierno frío obliga a Alemania a comprar en el mercado spot a cualquier precio, esa demanda presionará al alza los precios mayoristas de todo el bloque.

Las reservas europeas ya están en el 61%, el nivel más bajo para esta época desde 2009, y el objetivo del 90% para el 1 de noviembre fijado por el Reglamento de Almacenamiento de Gas de la UE se antoja inalcanzable, según la firma de análisis Montel. El Ejecutivo comunitario diseñó ese suelo legal como escudo frente a los cortes de gas ruso tras la sacudida de 2022.

Luces y sombras de la apuesta alemana

El argumento del gobierno alemán es que forzar compras públicas ahora dispararía los precios de inmediato y podría ser innecesario si el invierno es suave, apunta el analista de S&P Global Laurent Ruseckas. El riesgo es el contrario: si el frío llega pronto o Ormuz sigue cerrado, Alemania y con ella media Europa competirá con Asia por cargamentos limitados de GNL en el peor momento posible.

Los hogares ya lo notan: los nuevos contratos de gas cuestan hasta 400 euros más al año que hace doce meses. El vicecanciller alemán, Lars Klingbeil, lo resumió así: "Vemos a nuestra sociedad como completamente vulnerable cuando dependemos de los combustibles fósiles". La duda no es tanto si Berlín tiene razón, sino si la tendrá a tiempo.