El recibo británico sube un 4% en octubre pese al récord renovable: el debate sobre el net zero se intensifica
El regulador británico de la energía, Ofgem, ha anunciado una subida del 4% en el tope de la tarifa eléctrica para los hogares, situando la factura media en 1.723 libras anuales a partir del 1 de octubre. Este incremento, que afecta a 22 millones de hogares, reaviva el debate sobre el coste de la transición energética en un país que bate récords de generación renovable pero mantiene los precios industriales más altos de la AIE.

Un récord renovable que no evita la subida de precios
El Reino Unido generó el 53,1% de su electricidad con renovables en el primer trimestre de 2026, con la eólica aportando el 35,6% del mix y un aumento de producción del 30% respecto al año anterior. A pesar de este hito, la factura eléctrica media sube un 4% en octubre, hasta 1.723 libras anuales, y Cornwall Insight anticipa otro aumento del 9% en enero. Esta semana, el precio mayorista del gas ha subido un 61% en tres meses tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que alimenta la tesis gubernamental de que la exposición a los combustibles fósiles globales es el principal problema.
Los datos, sin embargo, muestran una realidad más compleja. Aunque el gas cubre cada vez menos el mix eléctrico (31% en 2025 frente al 53,1% de renovables en el primer trimestre de 2026), sigue fijando el precio marginal alrededor del 90% del tiempo, según algunas estimaciones. La secretaria de Seguridad Energética y Net Zero, Miatta Fahnbulleh, defiende que ese porcentaje ha bajado al 60% y caerá al 50% en 2030, gracias a los contratos por diferencia que ya desvinculan el 15% de la generación del precio del gas.
La industria, la más perjudicada: precios récord en la AIE
La industria británica pagó 238 libras por megavatio hora en 2025, el precio más alto entre las economías de la AIE, frente a las 138 libras de Alemania, las 112 de Francia, las 65 de Estados Unidos y las 44 de China. Si hubiera pagado los precios estadounidenses, la factura industrial de 2024 habría sido 11.400 millones de libras más barata. Esta brecha competitiva se ha convertido en un argumento central de la oposición, que acusa al Gobierno de priorizar la ideología sobre la economía.
Los críticos, como la conservadora Claire Coutinho, recuerdan que el laborismo prometió rebajar la factura en 300 libras y la ha subido casi 400. El Gobierno, por su parte, insiste en que el problema es la exposición a los mercados globales de gas, agravada por la guerra en Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. Un análisis de Boston Consulting Group matiza esta visión: solo el 38% de la subida del recibo doméstico en una década proviene del mayorista; el 45% corresponde a costes de red y decisiones políticas, como las subvenciones a la generación renovable.
El círculo vicioso: menos consumo, más costes fijos
El consumo eléctrico británico ha caído un 11% desde 2015, lo que provoca que los costes fijos del sistema (red, respaldo, subvenciones) se repartan entre menos kilovatios hora. Los costes de red han subido de 136 libras por factura en 2019-20 a 250 en 2026, y las subvenciones a la generación, de 127 a 159 libras. BCG calcula que, si la demanda sigue bajando, la factura media subirá 264 libras hasta 2030, hasta 1.145 libras. "Hay mucho foco en cómo generaremos energía en el futuro, pero eso importa menos si el camino es demasiado caro", advierte Raoul Ruparel, de la consultora.
Ante este escenario, las propuestas son diversas. E3G pide trasladar los cargos ambientales a los impuestos generales, mientras que Common Wealth estima un ahorro de entre 130 y 270 libras por hogar en 2030 si todos los generadores pasan a contratos a precio fijo. BCG propone lo contrario a recortar: elevar la demanda con centros de datos, lo que rebajaría la factura en 324 libras hasta 2035. En paralelo, EDF proyecta una factura media de 1.790 libras en 2030 y la OBR calcula que los cargos ambientales pasarán de 10.000 a 19.000 millones en el mismo plazo. Greg Jackson, consejero delegado de Octopus Energy, aboga por reformar el mercado y permitir que los consumidores se beneficien de los precios bajos de la energía renovable cuando abunda.
El tope de Ofgem: qué limita y qué no
El mecanismo de tope de Ofgem, el price cap, se malinterpreta con frecuencia. No limita el importe total de la factura, sino los precios unitarios de la energía y los cargos fijos que las comercializadoras pueden cobrar a los hogares. La cifra de 1.723 libras describe a un hogar de consumo medio, no un techo individual: quien más consume, paga más. El tope se revisa trimestralmente e incorpora el coste de compra de energía, costes de red, costes operativos y un margen para las comercializadoras.
La comparación con España es reveladora, aunque los instrumentos difieren. En España no existe un tope equivalente: la CNMC no limita las tarifas de las comercializadoras, que conviven entre el PVPC (indexado al mercado diario) y el mercado libre sin máximo regulado. La excepción ibérica intervino el coste del gas de las centrales eléctricas, es decir, el precio mayorista, no lo que una comercializadora puede facturar por kilovatio hora. Reino Unido interviene el minorista; España intervino el pool. Ambos países comparten, sin embargo, el mismo debate de fondo: no se discute si renovables sí o no, sino quién paga los cargos, la red y el respaldo, y si esa factura acaba penalizando la electrificación que se quiere impulsar.



