La IA y la geopolítica tensionan los mercados de metales: el cobre roza máximos y el aluminio entra en déficit
La combinación de riesgos geopolíticos y la creciente demanda eléctrica de la inteligencia artificial está reconfigurando los mercados mundiales de metales básicos. Según un análisis de Wood Mackenzie, el auge de los centros de datos y la expansión de infraestructuras energéticas intensifican la competencia por materias primas como el cobre y el aluminio, mientras la inversión minera no logra seguir el ritmo.

El impacto de la IA en la demanda de metales
La cartera mundial de proyectos de centros de datos ya supera los 250 GW, más del triple que hace un año, según Wood Mackenzie. Esta expansión no solo incrementa la demanda eléctrica, sino que también multiplica la necesidad de metales para redes de transporte, subestaciones y generación dedicada. Las infraestructuras asociadas pueden requerir entre tres y cuatro veces más metal que las instalaciones a las que abastecen.
La demanda eléctrica de los centros de datos dedicados a la IA podría multiplicarse por cinco entre 2025 y 2030, superando los 1.000 TWh en 2035. En Asia-Pacífico, se prevé que esta demanda casi se triplique de aquí a 2030. Las limitaciones de las redes eléctricas están obligando a los operadores a considerar soluciones más costosas, como microrredes y generación aislada, cuyo coste puede duplicar o triplicar el de la electricidad convencional.
Cobre: precios récord y distorsión de inventarios
El cobre registra precios récord de 14.759 dólares por tonelada, reflejando una fuerte distorsión del mercado refinado. La acumulación de existencias en Estados Unidos ha elevado la cobertura de inventarios por encima de los 170 días, mientras que el resto del mundo afronta un déficit de entre 450.000 y 460.000 toneladas, con existencias de solo 48 días de consumo.
Aunque la producción minera chilena caerá un 5,2% en 2026, se espera que la oferta minera mundial crezca más de un 5% el próximo año, poniendo fin a tres años de estancamiento. Wood Mackenzie calcula que el sector necesitará incorporar alrededor de 850.000 toneladas anuales de nueva producción durante la próxima década, lo que requiere inversiones por 332.000 millones de dólares para evitar un déficit del 44% de la demanda mundial en 2050.
Aluminio y níquel: déficits y riesgos en Oriente Medio
El aluminio afronta un fuerte impacto en la oferta tras los daños sufridos por fundiciones en Oriente Medio, que han reducido cerca de un 2% la producción mundial de aluminio primario. El mercado se encamina a un déficit de un millón de toneladas en 2026, pese a que las plantas chinas operan al 99% de su capacidad y a que Indonesia alcanzará 1,3 millones de toneladas. Se prevé un retorno al superávit en 2027.
El níquel debería recuperar el equilibrio en 2026, con una caída del 2% en la producción mundial refinada, el primer descenso desde 2015. Sin embargo, se prevé un endurecimiento del suministro de clase II a partir de 2027, mientras que los segmentos de clase I siguen expuestos a exceso de oferta. El conflicto en Oriente Medio pone en riesgo hasta 3,5 millones de toneladas de aluminio, y el 50% del azufre transportado por vía marítima está amenazado, lo que podría agravar la situación.
Litio y almacenamiento: inversión necesaria
El carbonato de litio ha repuntado alrededor de un 130% desde los mínimos de mediados de 2025, pero su impacto en el coste de los sistemas de almacenamiento es limitado: representa apenas entre el 2% y el 3% del coste total de un sistema llave en mano de 100 MW y cuatro horas. Una subida del 83% en su precio durante el primer trimestre de 2026 solo elevó un 9% el coste de las celdas LFP.
Durante la última década se han invertido 60.000 millones de dólares en la cadena de suministro del litio, y serán necesarios entre 150.000 y 250.000 millones adicionales para satisfacer la demanda hasta mediados de siglo. La inversión en fases iniciales de la cadena de suministro no avanza al mismo ritmo que la demanda, lastrada por retrasos administrativos e incertidumbre geopolítica, lo que pone en riesgo la capacidad de sostener el crecimiento futuro.



