Ørsted resiste a la presión de Trump y lidera las renovables en bolsa con un avance del 8%
Las acciones de Ørsted acumulan una revalorización del 8% en lo que va de año, el mejor comportamiento del subsector renovable, gracias a su bajo endeudamiento y a una moderación táctica de la Administración Trump en su ofensiva contra la eólica offshore. La compañía danesa, inmersa en la puesta en marcha de Revolution Wind y Sunrise Wind en Estados Unidos, navega entre la presión regulatoria y las negociaciones bipartidistas para acelerar los permisos de infraestructura.

Un 8% que supera a NextEra y EDPR: las claves del buen momento bursátil
En un contexto de tipos de interés elevados, Ørsted se ha convertido en el valor refugio del sector renovable en bolsa. Según ha publicado El Periódico de la Energía, el desarrollador danés ha visto revalorizarse sus acciones un 8% en lo que va de año, un avance que supera al de la estadounidense NextEra y al de la portuguesa EDP Renováveis, sus principales comparables.
Los analistas atribuyen este comportamiento a dos factores. El primero, su bajo endeudamiento, que le permite afrontar un intenso plan de inversiones sin verse estrangulado por el coste de la deuda. El segundo, el cambio de postura de la Administración Trump respecto a la expansión de las renovables en Estados Unidos, mercado clave para la compañía.
La moderación de la Casa Blanca, aunque no exenta de contradicciones, ha sido leída por los inversores como un alivio para los proyectos de Ørsted en el país, especialmente para los parques eólicos marinos Revolution Wind y Sunrise Wind, que se encuentran en fases avanzadas de construcción.
La flexibilización de Trump: una negociación para acelerar los permisos
El Gobierno estadounidense está flexibilizando su bloqueo a los proyectos eólicos con un objetivo claro: conseguir que los demócratas respalden en el Senado la 'Ley Bipartidista de Asequibilidad y Empleos en Estados Unidos de 2026', presentada el 30 de septiembre por senadores de ambos partidos.
La legislación busca agilizar las aprobaciones para líneas de transmisión, generación eléctrica e infraestructura necesaria para satisfacer la creciente demanda de electricidad, incluida la proveniente de centros de datos. Entre sus medidas, acortaría los plazos de los estudios medioambientales, limitaría ciertos requisitos legales y otorgaría mayor seguridad a los permisos ya aprobados, una reforma que beneficiaría tanto a las empresas de combustibles fósiles como a las de servicios públicos, la minería y los promotores renovables.
La ley incluye además una cláusula controvertida: dificultaría que futuras administraciones revoquen o reabran autorizaciones por un simple cambio de prioridades políticas. Sin embargo, mientras avanzan las negociaciones, la Casa Blanca ha seguido intentando reabrir los procesos de visto bueno de proyectos como Revolution Wind, lo que, según informó el Financial Times el 26 de octubre, pone en peligro el acuerdo bipartidista.
Revolution Wind, entre la ejecución avanzada y la ofensiva legal
El parque eólico marino Revolution Wind, desarrollado por Ørsted, está en el centro de la tormenta. A pesar de tener todas las turbinas instaladas y estar poniéndose en marcha las últimas unidades, la Administración ha reactivado la revisión de sus permisos.
El Departamento del Interior ha manifestado su intención de revisar el permiso del proyecto con el argumento de garantizar su cumplimiento con la Ley de Territorio de la Plataforma Continental Exterior (Outer Continental Shelf Lands Act). Sin embargo, la interpretación más optimista, recogida por El Periódico de la Energía, sostiene que esta reapertura podría formar parte de una estrategia para apuntalar la reforma del proceso de licitación, ya que la cancelación afectaría únicamente al arrendamiento del lecho marino bajo jurisdicción federal, no a los permisos estatales, lo que plantea cuestiones jurídicas aún sin resolver.
El Departamento de Defensa, por su parte, ha enviado a las empresas de eólica marina una guía genérica para solicitar la revisión de las autorizaciones, con el objetivo de respaldar la reforma, más que de imponer una paralización de los trabajos. Ørsted prevé que Revolution Wind entre en operación comercial antes de finalizar el año, un hito que podría blindar legalmente el proyecto ante futuros intentos de revocación.
Alivio en los aranceles y respaldo en Europa
En paralelo, el presidente Trump ha declarado que los aerogeneradores y sus componentes importados representan una amenaza para la seguridad nacional, pero por el momento se abstiene de imponer nuevos aranceles. En su lugar, ha ordenado iniciar negociaciones comerciales con los países afectados y ha solicitado un informe en un plazo de 180 días, dejando la puerta abierta a medidas adicionales, incluidos aranceles.
Este plazo extra beneficia directamente a Sunrise Wind, otro de los grandes proyectos de Ørsted en Estados Unidos, que podrá completar su fase crítica de instalación sin que ello suponga un aumento de los costes, dado que casi todos sus componentes de aerogeneradores son importados.
En el frente europeo, Ørsted ha inaugurado recientemente el parque eólico marino Borkum Riffgrund 3, de 913 MW, situado a 72 kilómetros de la costa alemana del mar del Norte. Además, el fondo CIP ha completado la adquisición del negocio terrestre de Ørsted en Europa, rebautizado como Perigus Energy, que cuenta con 826 MW de capacidad en funcionamiento o en construcción en Irlanda, Alemania, Reino Unido y España.
La compañía danesa, que ha dejado atrás años de sobresaltos y volatilidad tras su ampliación de capital, se comporta ahora como un valor de primer orden. La presión regulatoria en Estados Unidos persiste, pero la combinación de una ejecución avanzada de sus proyectos, un marco legal en negociación y el respaldo de sus operaciones europeas permite a Ørsted mantener el rumbo en un entorno adverso.



