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Venezuela busca capital extranjero para recuperar su producción petrolera y de gas

Venezuela ha intensificado su ofensiva para recuperar su industria petrolera y volver a situarse entre los grandes productores mundiales de crudo. Con una estrategia que combina la apertura del sector al capital privado, el regreso de grandes compañías internacionales y el desarrollo de nuevos proyectos de petróleo y gas, especialmente en el offshore, el país produce actualmente alrededor de 1,25 millones de barriles diarios. Esta cifra supone un repunte respecto a los menos de un millón de barriles diarios de finales de 2025, aunque todavía muy alejada de los niveles que llegó a alcanzar.

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(elperiodicodelaenergia.com)

Una campaña internacional para captar inversión

El Gobierno venezolano ha puesto en marcha una campaña internacional de captación de inversiones para acelerar el crecimiento de su industria de hidrocarburos. El último episodio se produjo esta semana en Houston, donde la Venezuela Energy Week Houston Industry Showcase reunió a representantes del Ejecutivo, PDVSA, compañías de exploración y producción, proveedores de servicios petroleros, empresas de ingeniería, entidades financieras y compañías tecnológicas. El objetivo declarado es poner en contacto a la industria internacional con las oportunidades de inversión que ofrece la reapertura del sector energético venezolano.

La ofensiva tendrá continuidad en Caracas entre el 26 y el 29 de octubre, con la celebración de la Venezuela Energy Week 2026, presentada por sus organizadores como la mayor cumbre internacional de inversión energética celebrada hasta ahora en el país. El encuentro pretende atraer capital para una industria que dispone de más de 300.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, además de más de 195 billones de pies cúbicos de gas natural.

La magnitud de las reservas contrasta con la producción actual. Venezuela llegó a producir cerca de 3 millones de barriles diarios a comienzos de siglo y todavía superaba los dos millones en 2017, antes de que la combinación de años de falta de inversión, deterioro de las infraestructuras, problemas de gestión y sanciones internacionales provocara un desplome de la producción. El país llegó a situarse por debajo de los 500.000 barriles diarios en 2020, aunque posteriormente inició una recuperación gradual.

Objetivos de producción y cuellos de botella

La organización de la Venezuela Energy Week sitúa en 3 millones de barriles diarios el objetivo estratégico de recuperación de la producción mediante inversiones escalonadas, rehabilitación de campos y una mayor participación privada. Sin embargo, las previsiones más inmediatas son mucho más moderadas: fuentes del sector sitúan el objetivo para finales de 2026 en torno a 1,37 millones de barriles diarios, frente a los aproximadamente 1,2 millones actuales.

Alcanzar los tres millones de barriles diarios no depende únicamente de atraer capital, sino de reconstruir buena parte de la cadena industrial venezolana. El país necesita recuperar pozos, oleoductos, plantas de procesamiento, mejoradores de crudo, refinerías y sistemas eléctricos, además de disponer de suficientes equipos de perforación y servicios especializados.

El problema ya se está haciendo visible en el propio repunte de la producción. Según Reuters, solo dos plataformas de perforación terrestres están actualmente operativas en Venezuela. La compañía de servicios petroleros SLB trabaja junto con Formentera Partners para reactivar o introducir nuevos equipos, mientras estudia recuperar hasta 15 plataformas que ya se encuentran en el país. El objetivo inicial sería tener cuatro de ellas operativas antes de que termine el año, siempre que se cierren los contratos necesarios.

La situación de las exportaciones evidencia otro de los límites. El aumento de la producción está chocando con una infraestructura portuaria envejecida y con problemas de suministro eléctrico y calidad del crudo. El puerto de José, uno de los principales puntos de salida del petróleo venezolano, está acumulando retrasos de hasta 30 días para algunos buques, mientras la capacidad de exportación se mantiene alrededor de los 1,25 millones de barriles diarios, muy por debajo de los más de 2,5 millones que Venezuela llegó a manejar en el pasado.

Reforma regulatoria y regreso de las grandes petroleras

La reapertura del sector está respaldada por un cambio regulatorio de gran calado. La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos aprobada en enero amplió considerablemente el espacio para la participación privada. Las compañías privadas domiciliadas en Venezuela pueden ahora participar directamente en actividades de exploración, producción, transporte y almacenamiento mediante contratos con empresas estatales, mientras que también se ha flexibilizado la comercialización de hidrocarburos. Los nuevos contratos pueden tener una duración inicial de 25 años, prorrogable otros 15.

La reforma incorpora mecanismos de arbitraje y modifica el régimen fiscal, con un sistema de regalías más flexible que puede reducir la carga para determinados proyectos en función de su complejidad y rentabilidad. Chevron continúa siendo uno de los principales actores internacionales del país y ha reforzado su posición en el crudo pesado venezolano. En abril acordó con PDVSA un intercambio de activos que elevó hasta el 49% su participación en Petroindependencia y le otorgó derechos para desarrollar el área Ayacucho 8, en la Faja Petrolífera del Orinoco.

Repsol es otra de las compañías que está ampliando su presencia. La petrolera española firmó en junio un acuerdo con el Gobierno venezolano y PDVSA para analizar el desarrollo del área de Horcón, al sureste del Lago de Maracaibo, y manifestó además su intención de estudiar nuevas oportunidades de gas en el offshore venezolano. En marzo, Repsol y Eni alcanzaron un acuerdo con las autoridades venezolanas para garantizar la continuidad durante 2026 de la producción de gas de Cardón IV, activo participado al 50% por ambas compañías.

El offshore, la apuesta de futuro

Venezuela está intentando convertir sus enormes recursos de gas marino en una nueva fuente de producción y exportaciones. El proyecto más avanzado es Loran, situado en la Plataforma Deltana, en aguas próximas a la frontera marítima con Trinidad y Tobago. El campo cuenta con siete yacimientos, seis de ellos transfronterizos, y forma parte de una acumulación de gas que conecta con el campo Manatee, en aguas trinitenses.

En junio, Shell obtuvo la licencia para desarrollar la primera fase venezolana de Loran. Dos meses después, BP consiguió la licencia para la segunda fase junto con XRG, el vehículo internacional de inversión de ADNOC, y UCC Oil & Gas, de Qatar. Las tres compañías tendrán participaciones iguales y BP actuará como operador. La segunda fase contempla hasta 4 billones de pies cúbicos de gas recuperable, dentro de un campo cuya reserva total se estima en unos 7,3 billones de pies cúbicos.

El otro gran proyecto offshore es Dragon, también en aguas venezolanas y participado por Shell. El yacimiento contiene alrededor de 4,2 billones de pies cúbicos de gas y lleva años bloqueado por las sanciones y los cambios en la política estadounidense hacia Venezuela. Ahora, Shell ya ha comenzado a licitar los servicios necesarios para perforar cuatro pozos, con el objetivo de iniciar la campaña durante el segundo trimestre de 2027. La decisión definitiva de inversión todavía está pendiente. BP, además de su participación en Loran, ha firmado un memorando para estudiar oportunidades de exploración en el bloque Carúpano Este.

El papel de Estados Unidos y las dudas del sector

Estados Unidos se ha convertido en un destino cada vez más importante para el petróleo venezolano. En julio, Venezuela exportó alrededor de 786.000 barriles diarios a Estados Unidos, el nivel más alto desde comienzos de 2019, mientras las exportaciones totales se situaron en torno a 1,16 millones de barriles diarios. A mediados de agosto, el Departamento de Energía estadounidense calculaba que aproximadamente la mitad de la producción venezolana ya estaba dirigiéndose al mercado estadounidense.

El interés inversor, no obstante, todavía está lejos de ser generalizado. ExxonMobil y ConocoPhillips mantienen una posición más cautelosa y han reclamado mayores garantías jurídicas y contractuales antes de comprometer grandes cantidades de capital. El propio consejero delegado de Chevron, Mike Wirth, reconoció en marzo que Venezuela había avanzado, pero que todavía eran necesarios cambios adicionales en la legislación para crear las condiciones necesarias para inversiones de mayor escala.

Disponer de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo no significa disponer de capacidad para producirlas. Buena parte de esos recursos se concentra en la Faja del Orinoco, donde predominan crudos extrapesados que requieren diluyentes, tecnología, mejoradores e importantes inversiones para poder ser extraídos y comercializados. El verdadero objetivo de la ofensiva lanzada desde Caracas no es únicamente aumentar la producción en unos cientos de miles de barriles diarios, sino reconstruir una industria petrolera que llegó a producir cerca de tres millones de barriles diarios.