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La UE cierra el grifo del GNL ruso con el TTF en máximos desde 2022: el veto llega en plena crisis de suministro

Europa se dispone a prohibir la importación de GNL ruso el próximo 1 de enero en un momento crítico: el TTF ronda los 92 €/MWh, su nivel más alto desde diciembre de 2022, y los almacenes europeos presentan mínimos para estas fechas. Un experto del sector advierte de que la decisión, siendo correcta en el fondo, llega en el peor momento posible por el shock de oferta global provocado por el bloqueo de Ormuz.

Fotografía que ilustra la noticia: La UE cierra el grifo del GNL ruso con el TTF en máximos desde 2022: el veto llega en plena crisis de suministro
(elperiodicodelaenergia.com)

El veto, en números: precios al triple y almacenes a medio llenar

Con el TTF por encima de 90 €/MWh —casi el triple que antes de la guerra de Irán— y con los almacenes europeos en mínimos para estas fechas, Bruselas se dispone a cerrar el grifo del GNL ruso el 1 de enero. Así lo expone el analista Antonio García-Amate en un artículo de opinión publicado este lunes, en el que sostiene que se trata de una decisión correcta tomada en el peor momento posible.

El dato más llamativo es que, lejos de reducirse, las compras europeas de GNL ruso han batido récords. Entre enero y septiembre, la UE recibió 12,18 millones de toneladas de GNL procedentes de Yamal, la mayor cifra para ese periodo desde que comenzó la invasión de Ucrania. "No hemos cortado con Moscú, sino aplazado el corte hasta hacerlo coincidir con la peor crisis de suministro en cuatro años", resume García-Amate.

El contexto internacional ha cambiado sustancialmente desde que se diseñó el veto. El bloqueo en el estrecho de Ormuz ha restado más de 300 millones de metros cúbicos diarios de GNL del Golfo, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Con ese volumen fuera del mercado, Europa compite directamente con Asia por cada metanero disponible, lo que tensiona los precios al alza.

Ormuz ha dinamitado la ecuación de sustitución de gas ruso

El razonamiento original de Bruselas era sencillo: sustituir el gas ruso por GNL de otros proveedores. La crisis de Ormuz ha roto esa ecuación, según el análisis. "Europa ha elegido este momento para atarse las manos con un calendario que no admite matices", sostiene el experto, que critica que la UE legisle "como si el mundo de 2022 siguiera intacto".

La señal más clara de la debilidad del sistema es la propia Comisión Europea. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, ha animado a los Gobiernos a conformarse con un llenado de los almacenes del 80% en lugar del 90% habitual para evitar disparar los precios. García-Amate interpreta esta rebaja como un reconocimiento implícito de que el colchón de seguridad es escaso: "Gobernar la energía con el piloto automático de una ley aprobada en enero, cuando el mundo era otro, es una imprudencia".

El riesgo, advierte, no se limita a la factura energética. "Aplicado de golpe, el veto no lo pagará solo el Kremlin. También lo pagarán nuestras fábricas, nuestros hogares y, sobre todo, la credibilidad del proyecto europeo", afirma. Cada euro de más en la factura, argumenta, es un argumento para quienes desde los extremos prometen volver a ponerse en manos de Moscú.

La alternativa: cupos decrecientes y una cláusula de salvaguarda

García-Amate no cuestiona el principio del veto: "Europa tiene que dejar de engrasar la maquinaria de guerra del Kremlin", afirma, y considera legítima la objeción de que comprar gas ruso equivale a financiar la invasión de Ucrania. Su propuesta pasa por "cambiar un interruptor por un regulador", con cupos decrecientes, una cláusula de salvaguarda ligada al nivel de almacenamiento y una fecha final innegociable.

La recomendación concreta es mantener el veto al GNL ruso pero escalonar su aplicación mientras Ormuz siga bloqueado, sin renunciar al horizonte de 2027. "Las sanciones inteligentes golpean más al adversario que a quien las impone, y esta, en pleno invierno, corre el riesgo contrario", sostiene. También descarta explícitamente reabrir Nord Stream, un proyecto que, según las aseguradoras, requeriría unos 36 meses de reparación.

El experto avisa del riesgo de que el veto se mantenga "sobre el papel" y se agriete "en la práctica" a base de excepciones si se aplica de golpe en plena crisis. "La independencia energética se construye con terminales, renovables y contratos, no con cortes abruptos que llegan en el peor momento", concluye. Un calendario flexible, admite, no ahorrará la factura, pero la rigidez puede encarecerla.