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Alemania recorta un 25% sus importaciones energéticas desde 2015, pero la factura crece: el coste de la dependencia fósil

Alemania ha reducido en una cuarta parte el volumen de sus importaciones energéticas entre 2015 y 2025, pero el coste neto de esas compras ha aumentado. Así lo concluye un análisis del Öko-Institut, que advierte de que la economía alemana sigue expuesta a la volatilidad de los precios internacionales mientras dependa del petróleo y el gas importados. El estudio, encargado por WWF, también cifra en 30.000 millones de euros anuales el ahorro potencial de la electrificación del transporte, la industria y la calefacción.

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(elperiodicodelaenergia.com)

Menos volumen, más coste: la paradoja alemana

El análisis del Öko-Institut, elaborado por encargo de la organización ecologista WWF, examina la evolución del comercio exterior de carbón, petróleo crudo, gas natural, productos petrolíferos, combustible nuclear, biomasa y electricidad desde 2015 hasta el primer semestre de 2026.

En el caso de Alemania, el volumen total de las importaciones energéticas cayó una cuarta parte entre 2015 y 2025, mientras que el coste neto de esas importaciones aumentó. El país cubre mediante importaciones prácticamente la totalidad de su demanda de productos petrolíferos y al menos el 90% de sus necesidades de gas, según el instituto.

Esta dependencia estructural es la que mantiene a la economía alemana expuesta a las oscilaciones de los precios internacionales, que en los últimos años han experimentado fuertes vaivenes en un contexto marcado por la inflación, la guerra contra Irán liderada por Estados Unidos e Israel y la invasión rusa de Ucrania.

La UE importa un 10% menos, pero paga un tercio más

La tendencia no es exclusiva de Alemania. Las importaciones energéticas de la UE disminuyeron alrededor de un 10% durante la última década, pero su coste fue aproximadamente un tercio superior en 2025 al registrado en 2015, hasta alcanzar unos 399.000 millones de euros, según el informe.

Los aceites minerales representaron la mayor parte de la factura energética de importación del bloque comunitario, mientras que el gas fue el principal responsable de las fluctuaciones de los costes desde 2020.

El informe subraya que la UE podría ahorrar más de 250.000 millones al año en importaciones de combustibles fósiles mediante el despliegue de energías renovables, electrificación y eficiencia, una cifra que contrasta con los 399.000 millones que el bloque llegó a pagar en 2025.

La electrificación como escudo frente a los precios

La electrificación del transporte, la industria y los sistemas de calefacción podría reducir a largo plazo en unos 30.000 millones de euros anuales el coste de las importaciones de combustibles fósiles en Alemania, según el Öko-Institut.

Las crisis energéticas de 2022 y 2026 han modificado el debate sobre las renovables. Lo que antes se consideraba principalmente una herramienta para cumplir los objetivos climáticos se reconoce ahora también como una vía para reforzar la resiliencia del suministro energético, según el instituto de investigación.

Alemania se ha fijado el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2045, una meta que supondrá, en la práctica, dejar atrás el uso de combustibles fósiles en su combinación energética. La Unión Europea, en su conjunto, aspira a lograr la neutralidad climática en 2050.

Vulnerabilidad estructural y soberanía energética

“Mientras Alemania siga importando grandes cantidades de petróleo y gas, su economía continuará siendo vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales”, afirmó Felix Matthes, coordinador de investigación en política energética del Öko-Institut, en un comunicado.

“El análisis demuestra claramente que la transformación del sistema energético hacia la neutralidad climática no solo refuerza la protección del clima, sino también la seguridad del suministro, así como la resiliencia y la soberanía de la economía y la sociedad alemanas”, añadió Matthes.

El estudio no entra a valorar medidas concretas, pero subraya que la reducción de las importaciones fósiles es una palanca clave para la soberanía económica. La evolución de los precios internacionales, condicionada por conflictos geopolíticos como la guerra en Ucrania o la campaña contra Irán, refuerza la tesis de que la transformación del sistema energético es también una cuestión de seguridad estratégica.