movilidad

La infraestructura de recarga, el gran olvidado de la electrificación del transporte en España

Mientras el debate público se centra en los vehículos eléctricos, un análisis de Joan Ramon Morante y Héctor Santcovsky advierte de que España necesita multiplicar por más de ocho la potencia de su red de recarga pública para cumplir con la normativa europea AFIR en la próxima década. El estudio cifra en más de 13.000 los puntos de carga necesarios solo para las vías estatales y autonómicas, y denuncia que el PNIEC no recoge de forma explícita esta demanda energética.

Fotografía que ilustra la noticia: La infraestructura de recarga, el gran olvidado de la electrificación del transporte en España
(elperiodicodelaenergia.com)

La eléctrificación del transporte exige un despliegue masivo de infraestructura

Joan Ramon Morante y Héctor Santcovsky, catedrático de Física de la Universidad de Barcelona y exprofesor asociado de la misma universidad respectivamente, firman un artículo de opinión en el que subrayan que la descarbonización del transporte por carretera no depende solo de los vehículos. España cuenta con una red viaria de más de 165.000 kilómetros, que da servicio a 12.685 estaciones de servicio operativas, según datos de la CNMC, que expenden cerca de 29 millones de toneladas de combustible al año, con un valor energético cercano a los 320 TWh.

La electrificación directa mediante baterías permite ahorros energéticos del orden del 250% frente a los motores de combustión, gracias a la mayor eficiencia de los motores eléctricos. En términos nominales, se podría evolucionar desde los 320 TWh de consumo actual hasta un volumen de 128 TWh de energía eléctrica anual. Sin embargo, la transición no se reduce a comparar eficiencias: la disponibilidad de materias primas, la renovación de flotas, los costes y el despliegue de infraestructuras son igualmente determinantes, recuerdan los autores.

Los cálculos: de estaciones de servicio a electrolineras

Un ensayo de conversión directa de las actuales estaciones de servicio en electrolineras, sustituyendo cada surtidor por un cargador, requiere una potencia media de al menos 1,15 MW por punto. Los cargadores ultrarrápidos para transporte pesado deben superar los 600 kW, capaces de recargar baterías de unos 720 kWh en los 45 minutos de parada obligatoria tras 4,5 horas de conducción. Para turismos, las futuras baterías de estado sólido con 150 kWh y autonomías de 800 km necesitarán cargadores de 250 kW.

Según el Reglamento europeo AFIR, para vehículos ligeros se exige un pool de recarga cada 60 km en cada sentido, con mínimo 4 puestos por electrolinera, 150 kW por cargador y 600 kW de capacidad conjunta en 2027. Para transporte pesado, la distancia máxima es de 120 km, con cargadores individuales superiores a 350 kW y una capacidad conjunta de 2.800 kW por electrolinera. Aplicando estos criterios solo a la red estatal y autonómica, harían falta 3.264 electrolineras para ligeros y 1.632 para pesados, lo que supone un mínimo de 13.056 puntos de recarga para ligeros y otros 13.056 para pesados. A esto se suman las necesidades de la red provincial y local, que probablemente requerirán al menos otros 1.132 pools adicionales.

La brecha entre la planificación y las necesidades reales

El análisis de Morante y Santcovsky pone de manifiesto la desconexión entre la planificación eléctrica y las necesidades del transporte. Los pools de recarga de ligeros implican 1,9 GW; los de pesados, 4,5 GW; y los de vías locales y provinciales, otros 0,7 GW. Estos mínimos suponen solo el 50% de los 14 GW estimados anteriormente, cifra que ya contemplaba cargadores más rápidos y un mejor nivel de servicio. La potencia actual destinada al sistema público de recarga apenas supera 1 GW, lo que implica incrementarla más de un 700% en la próxima década.

Por otra parte, el PNIEC 2023-2030 prevé conectar 27,7 GW de nueva demanda industrial y tecnológica, pero la demanda del transporte no aparece explícitamente, aunque sí figuran GW destinados a la industria petroquímica. Los autores advierten de que descarbonizar la petroquímica no equivale a descarbonizar el transporte, que requiere electrificación directa y no combustibles sintéticos, de eficiencia mucho menor en su cadena de producción.