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La retirada de ayudas separa el destino del autoconsumo y la recarga: demanda estable y precios sin caer en el segundo caso

El agotamiento de las ayudas públicas está operando como un test de madurez para dos mercados que crecieron al calor del incentivo: el autoconsumo residencial y la recarga del vehículo eléctrico. Mientras el primero se ha contraído y ha expulsado a empresas dependientes de la subvención, el segundo ha mantenido una demanda estable y no ha visto caer los precios, según un análisis sectorial publicado por El Periódico de la Energía.

Fotografía que ilustra la noticia: La retirada de ayudas separa el destino del autoconsumo y la recarga: demanda estable y precios sin caer en el segundo caso
(elperiodicodelaenergia.com)

Dos mercados, un mismo incentivo y resultados opuestos

La evolución reciente de ambos segmentos permite comparar qué ocurre cuando el apoyo público disminuye. En el autoconsumo, el crecimiento fue extraordinario mientras duraron las ayudas. La posibilidad de reducir de forma importante el coste de una instalación animó a muchas familias y atrajo a numerosas empresas, algunas con campañas comerciales agresivas y estructuras preparadas para captar volumen mientras el incentivo estuvo disponible. En ese contexto, la demanda parecía prácticamente ilimitada y se extendió la percepción de que algunos precios estaban inflados por las subvenciones.

Cuando las ayudas se agotaron, una parte de las empresas desapareció y el mercado se contrajo. Permanecieron sobre todo las compañías con experiencia, capacidad técnica y una estructura menos dependiente del incentivo. La recarga eléctrica afrontó una prueba similar pero con un desenlace distinto: los clientes siguieron solicitando presupuestos y contratando instalaciones, y los precios no se desplomaron.

El cambio de escenario en la recarga: del MOVES al IRPF

El análisis recuerda que en 2025 el Plan MOVES podía cubrir hasta el 70 % del coste de una instalación residencial de recarga. En 2026, el escenario cambió y la ayuda quedó sustituida, en este ámbito, por una deducción del 15 % en el IRPF. Desde el punto de vista del instalador, era razonable esperar una caída importante de la demanda, pero esa caída no se produjo en la medida temida.

La diferencia relevante respecto al debate del autoconsumo es que los precios de los puntos de recarga no se desplomaron al reducirse las ayudas. Según el autor, si los precios hubieran estado inflados artificialmente por la subvención, la retirada del incentivo habría provocado una fuerte reducción de las tarifas o una desaparición de la demanda. No ha ocurrido así: los precios se han mantenido en niveles de mercado.

Una demanda con base distinta: el vehículo eléctrico necesita carga

La demanda de recarga tiene un origen distinto al del autoconsumo. Quien adquiere un vehículo eléctrico necesita cargarlo. La ayuda puede acelerar la decisión o aliviar el coste, pero no es la razón principal por la que se instala el equipo. La necesidad de uso permanece cuando cambia el marco de incentivos.

El texto subraya que esto no significa que todos los presupuestos sean iguales ni que el mercado no deba ser transparente. El precio debe analizarse junto con la solución ofrecida: equipo, instalación, seguridad, legalización, garantía y capacidad de respuesta de la empresa. Una comparación basada únicamente en el importe puede ocultar diferencias importantes.

Un test de madurez para el sector instalador

Desde la perspectiva de las empresas instaladoras, la conclusión es que el final de las ayudas está actuando como una prueba de madurez. En el autoconsumo dejó al descubierto un crecimiento demasiado dependiente del incentivo. En la recarga está confirmando que existe una necesidad real vinculada a la expansión del vehículo eléctrico.

La recarga no es un mercado ajeno a los ciclos económicos ni a la evolución de las ayudas, pero su demanda presenta una base más sólida: cada nuevo vehículo eléctrico necesita una solución de carga. Para las empresas que sepan formarse, profesionalizar sus procesos y ofrecer instalaciones de calidad, el crecimiento puede continuar con criterios de mercado y no de subvención. Las ayudas pueden acelerar un sector, pero la verdadera fortaleza se demuestra cuando el mercado sigue funcionando sin ellas.